Rompiste las reglas que trazaste
cruzando el puente colgante
que separa tu mundo y el mío.
Un mundo lleno de recuerdos
tristes y locos, pero nuestros,
tuyos y míos.
Tu mundo era gris y el mío cristalino,
yo me dejaba mecer en la confortable hamaca
que daba al jardín y tu dormitabas en el cuarto
austero de tu edificio anodino adornado
de chimeneas tosiendo humo.
Pensaste que nunca cruzarías la línea,
que no seguirías mis pasos,
dejándote llevar aunque fuera por una vez.
Pero te equivocaste,
tu verdadera naturaleza gritaba para ser expulsada
hacia fuera, dejando atrás los trajes negros de los uniformados,
el aire irrespirable y comprimido, las rutinas tortuosas
y los colosales relojes flotantes que te disparaban
de un extremo al otro durante todo el día.
Y solo queriendo liberarte,
caminaste por el puente volatilizándolo
y quedando atrapado para siempre en mi mundo,
los dos tumbados en la hamaca, relajados
y sumidos en sueños, sin ataduras ni compromisos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario