En el barro me sumergí
para escapar de esas jaurías
bravas, burlonas,
enemigas con bocas deformadas.
Camuflada
con mi nueva piel
salí caminando ligera
como quien navega
en un barco de papel.
En el barro me sumergí
para escapar de esas jaurías
bravas, burlonas,
enemigas con bocas deformadas.
Camuflada
con mi nueva piel
salí caminando ligera
como quien navega
en un barco de papel.
La vida es un producto
de consumo rápido
digerida a toda prisa
sin tiempo para saborearla.
Salimos propulsados
del útero materno
como cohetes
despegando en dirección
hacia un planeta extraño.
Primero somo niños
que juegan despreocupados,
pero la exigencia de la vida artificial
se nos va dejando clara
y al llegar a adultos
todos seguimos la secuencia
corriendo como ratones
en una rueda.
Triunfo-fracaso,
éxito- consumo,
muerte social.
Y sino lo soportamos
borramos nuestro rastro
o morimos infartados.
El Párpado morado
cae por última vez
sobre la aurora boreal,
entretejiendo colores
que se mezclan en el cielo.
Unas vigas invisibles
sostienen la estructura celestial
para que no caiga como una losa
sobre la tierra.
Un frágil equilibrio
sostiene la línea divisoria
entre la tierra y el cielo.
Alzo las manos
y elevándome
por encima de las colinas,
trepo por las vigas
que soportan mi peso
sin esfuerzo,
preguntándole a Dios
donde reside la magia
del universo.
La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos, pero nunca será dos veces igual para nosotros. Pre-implantes de un futuro sobreactu...