Sopla la vela con tu cálido aliento
que es mi dulce consuelo.
Las mariposas
que salen de tus labios
como chorros incontrolables,
apagan la llama que se desvanece
entre luces tenues
y danzas corales.
En la oscuridad
mi boca busca la tuya
rogando por una ráfaga de besos
que impacte contra mis labios.
Entre ruegos y besos
nos consumimos
hasta quedar hechos cenizas.
Y de las cenizas
resurgimos como el ave fénix,
alzando el vuelo sin cadenas,
dejando atrás el alambre
y las heridas abiertas.
Sopla la vela cada noche de tu vida
para dejarme una señal
de que sigues ahí;
incluso aquellas noches
en las que mi rostro
no nuble tu pensamiento,
de todas formas sopla la vela
y déjame imaginar por un instante
que sigo durmiendo a tu lado,
muy cerca de ti
y de las mariposas
que nacen de tus labios.
Soplemos la vela una última vez,
mirándonos ansiosos,
devorados por una pequeña llama
anclada a nuestros dóciles cuerpos.