La víspera de la lectura se encontraba ausente, insegura, llena de sombras y de dudas. Una inquietud agitaba su mente, hasta ahora firme y segura de su valía. Lo había preparado a conciencia, eso sin duda, un trabajo esmerado e infalible, pulcro como ella misma, sin errores. Tan perfeccionista y crítica, encontró erratas en el último instante que le parecieron imperdonables; nuevas lecturas y matices que dar al texto y poco tiempo para completarlo.
La hora de su exposición estelar frente al público había llegado y de su boca salía un fino hilo de voz apenas audible para el oído de cualquier ser humano. Sus piernas largas como palillos se quebraron y no pudo dar un paso al frente.
Tras meses de arduo trabajo a punto de ser tirados por la borda sentía la necesidad de abofetearse para reaccionar. Apretando muy fuerte los ojos se sacudió el pánico y abrió los ojos descubriendo que la sala estaba vacía.
- ¿Señora Valverde?- le susurró una voz a lo lejos.
Se sintió sacudida cuando vio su imagen frente al espejo mientras la maquilladora terminaba su trabajo.
- Señora Valverde, ya está usted lista. En breves minutos la llamaran para salir al escenario.
Respiró aliviada al descubrir que todo había sido una ensoñación producto de su febril imaginación.