Un trozo de papel
caído en desgracia,
se ha roto
y no sabe por qué.
Amarillo
y enfermo de desilusión
camina sin letras
por una ciudad
condenada a vivir sin sueños.
Quizás una letra huérfana,
deseosa de compañía
pueda ser su salvación.
Un trozo de papel
caído en desgracia,
se ha roto
y no sabe por qué.
Amarillo
y enfermo de desilusión
camina sin letras
por una ciudad
condenada a vivir sin sueños.
Quizás una letra huérfana,
deseosa de compañía
pueda ser su salvación.
Estaba solo en la habitación de los espejos azules, esos que tanto miedo le daban cuando era niño, pues en ellos podía ver reflejados a los monstruos de sus pesadillas. En cada nueva visión los monstruos cambiaban de forma e incluso le invitaban a cruzar con ellos al otro lado. Mientras caminaba con la mirada fija en el suelo se percató de la presencia de una sombra que le perseguía sin descanso y se elevaba por encima de él cada vez que alzaba la vista.
Los murmullos y las risas se multiplicaban en el mundo de los espejos y en sus hombros podía sentir el peso de unas manos frías como la escarcha que lo empujaban hacia delante obligándole a enfrentarse a sus demonios interiores. Se sentía atrapado en todos los sentidos, como si unos grilletes le oprimiesen las manos y los pies y una cremallera le cerrase la boca; miró su imagen en el espejo y ésta le devolvió una sonrisa mientras su rostro se deformaba convirtiéndose en una caricatura grotesca. Y entonces lo comprendió todo,- la furia que sentía- pudo experimentar un desgarramiento total y corriendo hacia el espejo atravesó el cristal para no regresar jamás.
Enfoca la lente
en el centro del mundo
buscando el nexo de unión
entre dos pequeños puntos.
Tan diminutos
e insignificantes
se nos ve a lo lejos
que parecemos manchas
salpicadas en un espejo.
Expande el objetivo,
agranda nuestros cuerpos
hasta que la ciudad
en sus últimas luces
nos vea engrandecernos.
La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos, pero nunca será dos veces igual para nosotros. Pre-implantes de un futuro sobreactu...