Todos batallamos
con un gigante
en nuestro interior.
No alimentemos
su ego con venganza
ni palabras encendidas.
La compasión
puede aplacar su rabia,
mitigar su miedo
y calmar su corazón
transformándolo
de fiero a manso.
Las batallas silenciosas
que libramos a ciegas
en islas abandonadas,
provocan tormentas
que solo el paso del tiempo
puede apaciguar.