La vida me arrasa, me lástima,
soy un peón en su juego de ajedrez.
Me machaca sin piedad,
no duda en torturarme
cuando caprichosa se le antoja.
Soy una prisionera
atrapada entre cadenas
a la que acorrala con gusto,
ahogando cada uno de mis días
sin dejarme un hilo de esperanza.
Cuántas veces he intentado
presentar batalla sin resultado alguno,
mientras me derrota como a una marioneta
sin voluntad, una muñeca de trapo
a su merced; sus garras voraces
se ciernen sobre mí
condenandome al destierro,
a un invierno prematuro sin retorno.
Es una tirana hostil que jalea su victoria
mofándose de mi caída,
mientras clava puñales en mis llagas
acentuando mi dolor y yo suplicante
le pido a la muerte que me deje ir.