En un paisaje lejano
plagado de Dalias
la belleza era dueña de todo,
mucho más allá de donde alcanzaban
a mirar sus ojos.
Colores vivos
extraídos de la paleta de diestros pintores
divinos, enviados por la madre naturaleza
para dotar de armonía
y atracción cada parcela
y cada rincón
de su indómita creación.