" El mundo de Gomoluta"

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martes, 3 de octubre de 2023

LEONARDO CHAPATAS

Leonardo Chapatas corrió hacia el tren sin permitirse mirar hacia atrás para ver la manada de elefantes que con paso firme se abalanzaban hacia él. La trompa del elefante lo elevó como un cuerpo sin peso hasta el techo del ferrocarril. Desde allí Leonardo pudo ver el pico de la "montaña de los transeúntes", donde según cuenta la leyenda se hallaban tesoros nunca vistos por ningún humano ni elefante.

Fascinado por la idea de poseer semejantes riquezas saltó de vagón en vagón con la intención de alcanzar la montaña y explorarla en profundidad. Absorto en sus pensamientos y fantasías, el pobre Leonardo no alcanzó a ver el túnel que tenía delante de su respingona nariz; ese inoportuno obstáculo se llevó por delante su cabeza, sus dientes y sus sueños de gloria.

Hoy en día cerca de la montaña se puede leer un cartel que reza:

" Aquí falleció Leonardo Chapatas, amigo de los elefantes y emprendedor de hazañas imposibles".

martes, 25 de abril de 2023

EL RESTAURANTE

Cuando llegó al restaurante Edelmiro Rodríguez no había visto nunca nada semejante. ¡ Cuanta elegancia!. Las finas copas de cristal, los manteles bordados a mano, el vino a 2000 euros la botella y sobre todo la gente de postín. ¡Qué trajes, qué telas!, ¡Una maravilla!

Edelmiro se sentó en la única mesa en la que no había cartel de reservado y desde allí observaba a los camareros portando espléndidas bandejas rebosantes de suculentos manjares y a los comensales degustándolos entre risas y conversaciones banales.

Uno de los camareros se acercó para tomarle nota. Edelmiro, dubitativo, pidió cordero y un rioja como primer plato.

Sentada en la barra del restaurante se hallaba una mujer de cabello rubio, largo y ondulado. Destacaba entre todas las demás por su belleza y sensualidad. Edelmiro no podía dejar de mirarla, hasta que ella desprendiéndose del cigarrillo que rozaba sus labios le sonrió de una forma arrebatadora.

Cuando se quiso dar cuenta la imponente dama caminaba con paso firme hacia él clavando sus tacones de aguja sobre el parqué, enfundada en un traje de chaqueta que dibujaba una voluptuosa silueta. 

- ¿Tiene fuego caballero?- le preguntó la hermosa mujer de ojos verde aceituna.

- Lo siento señorita, no fumo- murmuró él sin quitarle la vista de encima. 

- ¡Qué pena!, me llamo Verónica, ¿puedo sentarme?- preguntó mientras jugueteaba con su alianza de casada.

A Edelmiro no le dio tiempo a contestar, pues Verónica ya había tomado asiento a su lado, e incapaz de rechazarla se dejó llevar más allá de los límites de la imaginación, guardando para siempre a Verónica en su memoria.

FIN

La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos,  pero nunca será dos veces igual para nosotros.  Pre-implantes de un futuro sobreactu...