La areola de mi pecho
resplandece y se contrae
sorprendida en su intimidad.
Mirando al frente se estremece
temblando como un flan
recién servido en el plato.
Cambia de color
al sentirse observada
derramando la leche
que brota del pezón
y surca el vientre
hasta encontrar refugio
en el ombligo.
La areola de mi pecho
crece y se agranda
expandiéndose sin límites
como la vida recién creada.
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