La noche se llena de pesadillas,
tan vívidas
que el sueño se vuelve un ciclo
angustioso de imágenes
monstruosas y convulsas.
Cuando creo despertar,
el engaño
se apodera de mí,
todo parece tan real:
la cabeza de Medusa
petrificándome con sus ojos
y esas manos
que me cubren el rostro
hasta sofocarlo.
Lucho y araño la irrealidad
como una gata salvaje
hasta despertarme sobresaltada
en el borde de la cama.
¡Bendita mañana
que me traes de vuelta
a la realidad!