El tiempo me acecha,
me persigue con insistencia.
Es mi enemigo en las sombras,
un mal que me hostiga
sin piedad, un veneno
vertido en mi boca.
El final de mis sueños
es la imagen
de un reloj de arena,
una carta con sentencia
condenatoria, la ejecución
de mis pasiones, la muerte
de mis ideas.
El tiempo es un confidente
insaciable que espera
cobrar su deuda
con impaciencia,
como espera un niño
sus regalos
el día de navidad.
El tiempo es una daga
atravesada en mi pecho,
los últimos acordes
de una melodía desafinada
sin músico que la toque.
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