Somos invisibles para el mundo,
puede que eso sea una ventaja.
Odiadas por un público selecto
que elige la tortura en el menú del día
para satisfacer uno o dos deseos.
Guardianas dementes
sin senos ni vientre.
Voces del pasado
nos recuerdan nuestra lucha
a través de su legado.
No somos fantasmas,
estamos presentes;
el futuro nos pertenece.