La noche de mi muerte,
el firmamento no derramará lágrimas
ni las estrellas guardarán duelo
por el alma de una difunta
con destino al purgatorio.
La muerte vendrá a buscarme
vestida de blanco,
y me pedirá con palabras
elocuentes y gentiles maneras
que la acompañe.
La noche de mi muerte
no habrá procesiones ni llantos
presentes en mi sepelio.
Caminaré con la muerte
en silencio, su mano
aferrada a la mía,
traspasando juntas
el último umbral.