Dos rubíes en tu frente
brillando a media tarde.
Dos rubíes
nada más,
bastaron para que te sonrojases.
Dos rubíes en tu frente
brillando a media tarde.
Dos rubíes
nada más,
bastaron para que te sonrojases.
De la intemperie
al abismo enloquecido
del deseo,
turbada por vagas ilusiones
tan reales
y vívidas que pareciera
atravesarlas con las puntas de los dedos.
Me precipito por acantilados
de tierras desconocidas, exóticos parajes
llenos de peculiares formas y paradigmas
donde se yerguen imponentes,
llenos de poder, los dioses
que antaño dominaron las pasiones
de la humanidad.
La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos, pero nunca será dos veces igual para nosotros. Pre-implantes de un futuro sobreactu...