Dos rubíes en tu frente
brillando a media tarde.
Dos rubíes
nada más,
bastaron para que te sonrojases.
Dos rubíes en tu frente
brillando a media tarde.
Dos rubíes
nada más,
bastaron para que te sonrojases.
Somos el uno contra el otro,
amantes de papel, antónimos
emparejados sin elección sintiendo
la ley de la atracción como imanes
que se pegan piel con piel.
Somos dos caras de la misma moneda,
tú la cara y yo la cruz, unidos
a pesar de los tropiezos, esposados
como dos presos sin salida
en una celda para dos
disputándonos la cama
como amantes sin razón.
Una noche lluviosa,
unas cuantas copas de más.
La ropa y los libros
esparcidos sobre el suelo
y nosotros dormidos, tumbados
en el sofá
con las manos
rozándose en la oscuridad.
El amor
consumido en segundos
entre besos melódicos
con los cuerpos temblorosos
y la ternura
soplando en los oídos
de los amantes,
amantes soñando
bajo la cálida luz
de una vela.
La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos, pero nunca será dos veces igual para nosotros. Pre-implantes de un futuro sobreactu...