Te debo besos y libros,
una cama deshecha
en un cuarto tranquilo,
confesiones a media luz
y un par de copas de vino.
Te debo una tarde de lluvia
esperando en medio
de ninguna parte,
preguntas sin respuesta
y reproches salpicados
de lágrimas y granizo.
Te debo la vida
que nunca tuvimos,
un amor sin paracaídas
condenado a no ser vivido.