No llores, no te estremezcas;
ya vienen, se acercan cada vez
más próximos; casi puedo
sentir su aliento.
No palidezcas, no te hundas;
anula a ese ser frágil
que quiere emerger
desde lo más profundo.
No te muestres ante ellos,
no sonrías, permanece inmóvil
y fría, incluso si sientes la espada
de Damocles pendiendo sobre tu cabeza