Leonardo Chapatas corrió hacia el tren sin permitirse mirar hacia atrás para ver la manada de elefantes que con paso firme se abalanzaban hacia él. La trompa del elefante lo elevó como un cuerpo sin peso hasta el techo del ferrocarril. Desde allí Leonardo pudo ver el pico de la "montaña de los transeúntes", donde según cuenta la leyenda se hallaban tesoros nunca vistos por ningún humano ni elefante.
Fascinado por la idea de poseer semejantes riquezas saltó de vagón en vagón con la intención de alcanzar la montaña y explorarla en profundidad. Absorto en sus pensamientos y fantasías, el pobre Leonardo no alcanzó a ver el túnel que tenía delante de su respingona nariz; ese inoportuno obstáculo se llevó por delante su cabeza, sus dientes y sus sueños de gloria.
Hoy en día cerca de la montaña se puede leer un cartel que reza:
" Aquí falleció Leonardo Chapatas, amigo de los elefantes y emprendedor de hazañas imposibles".
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