El Párpado morado
cae por última vez
sobre la aurora boreal,
entretejiendo colores
que se mezclan en el cielo.
Unas vigas invisibles
sostienen la estructura celestial
para que no caiga como una losa
sobre la tierra.
Un frágil equilibrio
sostiene la línea divisoria
entre la tierra y el cielo.
Alzo las manos
y elevándome
por encima de las colinas,
trepo por las vigas
que soportan mi peso
sin esfuerzo,
preguntándole a Dios
donde reside la magia
del universo.
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