Migajas de un corazón escorado
al que apenas le quedan latidos que dar.
Un artefacto mal reparado,
con sus válvulas en un estado deplorable,
abandonado y sin esperanzas.
Cosido y remendado cientos de veces
por manos expertas y eficaces,
no existe ya un milagro
que lo pueda reparar.
Pobre corazón desdichado,
herido de muerte, desangrado,
esperando a solas su inminente final.
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