Había un garbancito
regordete y chiquitito
que rodando por la alacena
se coló por un huequito.
Otro hermano le siguió
rodando como canicas
hasta la boca de un dragón.
El dragón que era un glotón
se los tragó de un bocado
y los pobres garbancitos
asustados
hicieron un nido
en el estómago
del tremendo comilón.
Al dragón le picó
la garganta y un estornudo
los salvó, expulsándolos
como dos cohetes
hacia el espacio exterior.
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