Salí del hogar al mundo como un peregrino de la vida,
reuniendo fuerzas para la batalla con ánimo determinado
y los pies dispuestos a cruzar montañas tan altas
que sus picos tocasen las nubes sin pincharlas.
Caminé durante años sin perder el ritmo ni el propósito
que había estado buscando, envuelto en mi capa de paño
con mi esclavina sobre los hombros, apoyado en mi bordón
con el zurrón bien cargado para sobrellevar la sed y el hambre
impidiendo a mi cuerpo caer antes de llegar a su destino.
Hay quien busca infinitos caminos y solo encuentra deriva
pues se pierde en la espesura y diverge de su verdadero destino,
a pesar de las ventiscas y las caídas logré encontrar el mío,
al principio oscuro y dificultoso, con miles de trampas que sortear,
pero al encontrar la razón de mi peregrinación, todo lo vivido
cobro sentido y pude ver luz en la oscuridad, belleza en lo sufrido
y aliento impulsado de energía para seguir mi camino por la vida.
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