Eu son a verba
da túa nai, a lembranza
dun tempo esquecido,
das rúas molladas
camiño da escola.
Eu son a néboa
que asubia cantigas
na túa fiestra,
o candil dos mortos,
un caderno
ateigado de recordos
durmindo no medio
do chan.
Eu son a verba
da túa nai, a lembranza
dun tempo esquecido,
das rúas molladas
camiño da escola.
Eu son a néboa
que asubia cantigas
na túa fiestra,
o candil dos mortos,
un caderno
ateigado de recordos
durmindo no medio
do chan.
La búsqueda de un amor sencillo
se ha convertido en mi mayor obsesión;
un amor que temple la angustia
y mitigue el desasosiego
que reside en mi pecho,
eso es lo que busco.
Un amor delicado,
sin adornos excesivos
ni grandes pretensiones,
ese es el amor que yo deseo.
Si el amor me busca
estaré sembrando palabras
en su nombre, narrando
la historia de un amor
que trasciende generaciones;
la historia de un amor sencillo
que permanezca grabado
en la memoria del tiempo.
Lévame contigo
meu ben;
quero ve-lo mar.
Lévame contigo
meu ben;
querote bicar
nesas meixelas
ben feitiñas
e cheas de sal.
Párpados blancos;
corazón de invierno
estremecido por el viento.
Somos semillas
del futuro,
arquitectos
de sueños incumplidos.
Los dioses del crepúsculo
nos dan la espalda,
estamos muertos
y no sabemos nada.
A través de tus ojos
la locura me alcanza
para atraparme
en un círculo de fuego.
Todas tus ventanas
están rotas, hechas añicos
por la tormenta, que se prolonga
durante años hasta transformarte
en un animal enloquecido.
La locura vive en ti
y quizás también en mí;
puede que nuestros ojos
ignoren nuestra naturaleza.
Somos dos seres viviendo en el caos,
compañeros exaltados,
entre delirios y miedos.
En soledad ardemos;
en soledad nos vamos;
en soledad amamos
a quienes con un velo
se cubren enteros
para no ver nuestros rostros.
Los que amamos
perdemos el rostro,
no nos importa pagar el precio;
ver expuesta nuestra desnudez
ante un enjambre de ojos expectantes
que nos miran con la euforia propia
del amor que comienza;
un amor ardiente,
un amor amante
en la intimidad
de su amada soledad.
Montañas de miseria,
hombres sedientos
bebiendo las lágrimas
derramadas por la muerte
de las aguas.
Un lecho de deshechos
que nadie quiere
es la cama de sus sueños
y pesadillas.
Al otro lado
vive la opulencia ignorante;
el mundo afortunado,
conforme con la venda
que le cubre los ojos.
Borracho de discursos
bañados de autocomplacencia,
camina cada mañana
sobre un tablero de ajedrez ,
disfrazado como un peón más
del engranaje
de la decadencia humana
que parte al mundo en dos.
La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos, pero nunca será dos veces igual para nosotros. Pre-implantes de un futuro sobreactu...