Amor sin arrojo, carente
de pasiones, ni es amor
ni lo quiero yo.
Yo quiero un amor elevado
que no tema al peligro,
desbordado y vehemente.
Yo quiero un amor
que desate remolinos;
yo quiero un amor
que me arrolle con él
al precipicio de los vencidos
donde descansan en su lecho
de hiedras los inmortales enamorados.
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