Montañas de miseria,
hombres sedientos
bebiendo las lágrimas
derramadas por la muerte
de las aguas.
Un lecho de deshechos
que nadie quiere
es la cama de sus sueños
y pesadillas.
Al otro lado
vive la opulencia ignorante;
el mundo afortunado,
conforme con la venda
que le cubre los ojos.
Borracho de discursos
bañados de autocomplacencia,
camina cada mañana
sobre un tablero de ajedrez ,
disfrazado como un peón más
del engranaje
de la decadencia humana
que parte al mundo en dos.
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