En soledad ardemos;
en soledad nos vamos;
en soledad amamos
a quienes con un velo
se cubren enteros
para no ver nuestros rostros.
Los que amamos
perdemos el rostro,
no nos importa pagar el precio;
ver expuesta nuestra desnudez
ante un enjambre de ojos expectantes
que nos miran con la euforia propia
del amor que comienza;
un amor ardiente,
un amor amante
en la intimidad
de su amada soledad.
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