Guarda bajo los sauces de Babilonia
la caja de madera labrada
de nuestra infancia.
Los sauces la custodiarán con celo,
esperando a que vuelvas cada año
a comprobar que sigue allí escondida,
resguardada de la curiosidad ajena,
con nuestros recuerdos a salvo
de manos equivocadas.
Sólo los sauces de Babilonia
conocen el contenido de la caja
que desenterraremos pasadas las décadas,
rememorando en una caricia el primer amor,
el primer beso, los primeros versos
que te entregué plasmados en hojas
con tinta de zumo de limón;
sólo lo sauces contemplarán
el amor que nos unió.
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