Gusanos de seda
recorren mi espalda
reptando por ella
como por una montaña.
Pequeños moradores
que me hacen cosquillas,
suben a mi cuello
y hacen nidos en mi pelo.
A veces los guardo en un bote,
los observo retorciéndose
unos encima de otros;
escalan el cristal y si abro un poco
se cuelan por la tapa entreabierta
hasta llegar a mis manos.
Gusanos de seda
recorren mis dedos,
reptan por mis brazos
como por las ramas de un árbol,
suben por las escaleras de mi cuello
y vuelven a su nido en mi cabello.
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