Un viejo trapecista solitario
camina por los hilos de la vida,
sus ojos se han apagado
y sus piernas huesudas,
finas como el hilo infinito
enhebrado de una aguja,
transitan torpemente
hacía el vacío sin red que lo proteja.
Alguna vez fue una estrella rutilante,
las más aclamada del circo, amado
y laureado, venerado hasta por si mismo.
Hoy es un payaso triste sin luces ni focos,
despojado de su humanidad, atrapado
entre la desesperanza y los recuerdos.
Su memoria vislumbra aplausos,
la gloria añorada
que en el ayer lo mantuvo vivo.
Alza los brazos y cae en picado
desplegándose como un pájaro altivo,
su última actuación estelar
antes de que acabe la función.
No hay comentarios:
Publicar un comentario