Cuando Elena salió al patio su amante se hallaba tendido sobre un charco de sangre, a su lado su marido la miraba sudoroso; cuchillo en mano se dirigió hacia ella, mientras ésta aterrorizada echó a correr trancando la puerta tras de sí. Bajó corriendo las escaleras y se torció un pie; cojeando llegó hasta el rellano donde le esperaba su vecina Amalia.
Amalia estaba lívida y sus ojos la observaban furibunda. Elena intentó acercarse a ella cuando reparó en la sierra mecánica que llevaba entre sus manos. No hay salida posible, pensó mientras escuchaba los pasos de su esposo acercándose y el motor de la sierra sonando tras ella. Se agazapó en el suelo sintiendo las cuchilladas que se hundían en sus costillas mientras la sierra despedazaba cada parte de su cuerpo y su cabeza se zarandeaba como una muñeca de trapo. Sus oídos percibían gritos lejanos y sintió que convulsionaba.
Cuando abrió los ojos Roberto la miraba espantado, la habitación estaba en silencio y la luz de la mesilla apenas alumbraba. Roberto se dirigió hacia la cocina para coger un vaso de agua mientras Elena permanecía inmóvil tumbada sobre la cama; sólo una llamada de teléfono rompió la calma que reinaba en la estancia. Incorporándose de la cama descolgó el auricular, al otro lado una voz familiar le susurró:
_ Elena, no puedo esperar más, veámonos mañana a las cinco de la tarde, te espero donde siempre, por favor dime que vas a venir, te necesito.
_ Gerardo, he tenido una pesadilla terrible, soñé que yacías muerto en el patio_ y colgó con brusquedad al ver entrar a su marido.
_ Querida, ¿por qué te has levantado?, ¿a quién se le ocurre llamar a estas horas?
_ Amor, era tu jefe_ murmulló Elena con un tono de confusión en su voz.
_ ¿ Y que quería ese cabeza loca?
_ Recordarte la cena de mañana y también que no olvides entregarle el informe de ventas a primera hora.
_ ¡Estupendo!_ dijo Roberto_ Oye, ¿por qué no invitamos a la cena a Amalia?, juraría que está loca por él, ¿no te parece que harían buena pareja?
_ ¡Quizás!, tal vez tengas razón_ asintió Elena y dando un gran bostezo se recostó cerrando los ojos sin poder apartar de su mente la imagen de Gerardo muerto en el patio.
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