" El mundo de Gomoluta"

martes, 28 de marzo de 2023

AURORA

Aurora,

sentada frente al espejo

te ves divina,

con tu pelo rosa

y tus uñas de purpurina.

Eres la diva del espectáculo

luciendo tus plataformas

de oro 

como ninguna.

Corazón de miga de pan,

brillas como una heroína

envuelta en plumas

de colores arco iris

con ojos de gata

y una sonrisa arrebatadora.

Aurora,

mujer dulce 

de vida agria

siempre destilando alegría,

enfundada en tus medias

de rejilla

con tu vestido fucsia

y tu desparpajo

eres la reina de corazones,

la primera estrella 

del bar de las lilas.



lunes, 27 de marzo de 2023

FALSA REALIDAD

Las falsas sonrisas

que adulan y halagan

al verte de frente

me pudren el corazón.

Son hirientes, insultantes,

cuando puedes ver el fondo

de su nulo valor.

Cuando te das la vuelta

se han ido

y sale la verdad,

el desprecio,

la infravaloración

empujando para salir.

Pero tú no lo sabrás

ni ellos tampoco

porque un velo

de apariencias

tiñe la realidad.

LA SOMBRA SIN LUGAR

Tras la cortina la sombra acechaba con timidez queriendo abrirse paso a través de la ventana. 

¡Qué sombra tan desdichada, buscando su otra mitad sin encontrarla!

Recorrió cada casa, se coló por las rendijas con sigilo para no ser vista por miradas indiscretas.

¡Cómo podía haber perdido la mitad que le faltaba, vaya sombra tan despistada!

Una sombra sin compañero al que flanquear no es nada, una mancha pérdida que deambula solitaria.

- ¿Qué será de mi a partir de ahora?- se preguntó la pobre desgraciada.

Fue de pueblo en pueblo, buscó en ciudades y caminos despoblados, pero nada encontró para estar completa de nuevo. Un día de verano como estaba muy cansada se echó bajo un naranjo y le preguntó si no necesitaba una sombra, a lo que éste respondió:

- ¡Pobre sombra que vagas sin rumbo!, no preciso de ti pero te ofrezco uno de mis frutos para que sacies tu sed.

- ¡Cómo la he de saciar si no poseo boca con la que beber! Ayúdame a encontrar un alma humana a la que poder acompañar.

Y mientras hablaban pasaba por allí el circo de las sombras que al ver tan triste a su compañera le preguntaron:

_ ¿Nos quieres acompañar? recorremos el mundo con nuestro hermoso espectáculo.

_ ¿Y que hacéis?

_ Pues un poco de todo: malabarismos, hipnosis, acrobacias y nuestra actuación más brillante que seguro querrás conocer.

_ ¿Y cuál es si se puede saber?

_ El teatro de sombras, es maravilloso, nunca habrás visto nada igual. Sube, ven con nosotros a conocer el mundo y abandona tu soledad, aquí encontrarás a tus iguales, una familia de verdad.

_ ¿Y encontraré un alma humana a quien seguir en su camino?

_ Existen miles de almas humanas que acuden a ver nuestro singular circo, únete a nosotros y sin duda la hallarás.

La sombra miró al naranjo y este le sonrió, pues supo que por fin había hallado la mitad que le faltaba.





domingo, 26 de marzo de 2023

LLANTO

El llanto,

turbio y agitado

suena como eco 

en las paredes de la casa

del viejo Pancracio.

Hombre sabio

y desdentado 

con sonrisa liviana

y traje de harapos.

Tumbado en la cama

escucha los pasos

atropellados, las balas,

las salpicaduras

de la muerte

que pintan las ventanas,

el quejido de los que caen,

las súplicas

amortiguadas por la bayoneta

y la mente atormentada

del inocente

que encuentra su escondite

bajo la cama.


NEREA Y EL MAR

 ¿Qué sientes Nerea?,

-Siento el roce del mar

mojando mis piernas

y quiero adentrarme en él

hasta perderme en medio 

de las olas.

Pobre Nerea, dulce

piel de fina tela

que se entrega al mar

para acallar un dolor 

hinchado 

que no puede dejar atrás.

Nerea,

mujer de agua y arena

de pelo encrespado

y ojos pardos,

bella roca agrietada 

por el fuerte oleaje.

¿Cómo puedo aliviar

tu dolor, frágil Nerea

nacida de la espuma del mar?

- Déjame viajar

hasta el fondo marino

para confundirme entre algas

y viejos tesoros abandonados

y refugiarme en barcos hundidos

en naufragios 

que el mar se ha cobrado

y que cobre también por mis penas

y el dolor

quede olvidado.


sábado, 25 de marzo de 2023

TERNURA

Una noche lluviosa,

unas cuantas copas de más.

La ropa y los libros

esparcidos sobre el suelo

y nosotros dormidos, tumbados

en el sofá 

con las manos

rozándose en la oscuridad.

El amor 

consumido en segundos

entre besos melódicos

con los cuerpos temblorosos

y la ternura 

soplando en los oídos 

de los amantes,

amantes soñando

bajo la cálida luz

de una vela.




viernes, 24 de marzo de 2023

EL LLAVERO

Samuel cruzó la calle sin mirar cuando aquel todoterreno se le echó encima. Llevaba siempre sus auriculares puestos escuchando a metálica y a siniestro total, el volumen era tan alto que lo aislaba de todo contacto con la realidad hasta que ese accidente le hizo darse de bruces con ella. Al despertar se encontraba encamado en el hospital, aturdido por los calmantes solo vislumbraba sombras a su alrededor, creyó escuchar la voz de su madre hablando con el médico, pero el cansancio lo venció y cayó en un profundo sueño. Cuando despertó la habitación estaba sumida en la oscuridad y se hallaba solo, la cama de su compañero estaba vacía y el ruido de la lluvia golpeaba la persiana. Tenía la boca seca, como pegada y la sed le impedía conciliar el sueño, trató de levantarse y llegar hasta la puerta, pero el dolor apenas le permitía dar un par de pasos. Con mucho esfuerzo consiguió salir del cuarto. Con sus muletas a cuestas se acercó al puesto de control, pero allí no había nadie, ni médicos, ni celadores, ni enfermeras, parecía como si todo el mundo hubiese desaparecido sin más. Recorrió los pasillos buscando al personal del hospital, a algún familiar que se hubiese quedado a pasar la noche, pero nada. La puerta de la habitación 214 estaba entreabierta, la abrió y no había ningún paciente. Una tras otra fue abriendo todas las habitaciones, era como si a todo el mundo se lo hubiese tragado la tierra.

Samuel preso del pánico se dirigió a los ascensores cuando las luces de la planta empezaron a parpadear, pensó en bajar por las escaleras pero caminaba con mucha dificultad, así que decidió esperar. En medio del silencio comenzó a escuchar unos silbidos que procedían del fondo de la planta. Armándose de valor comenzó a caminar, le temblaban las rodillas y su respiración se aceleraba mientras escuchaba los silbidos aproximándose a él.

Sólo el dolor le impedía salir corriendo, sentía que su corazón bombeaba con la fuerza de un martillo cuando vio a aquel hombre fumando al fondo del pasillo, no tendría más de 50 años y vestía el pijama del hospital. Silbaba y fumaba mientras con la otra mano daba vueltas a un llavero. Samuel se acercó y le pregunto quién era y que hacía allí. No hubo respuesta, alzo la mirada hacia Samuel y señaló con el llavero hacia una de las puertas, donde se podía leer "Cuarto de personal médico, no entrar sin autorización". Samuel le preguntó a donde había ido todo el mundo, pero el hombre del llavero con la mirada clavada en él volvió a señalar la misma puerta. Convencido de que aquel hombre le estaba dando una señal fue hacia la puerta y la abrió, se giró y el hombre de los silbidos ya no estaba allí. 

Al entrar en la habitación Samuel se encontró con tres hombres sentados en una mesa que lo observaban haciendo comentarios entre ellos. Cada vez estaba más confuso, les hizo preguntas que estos no contestaron, al tiempo que hacían anotaciones en un cuaderno.

El más anciano de aquellos hombres le preguntó si estaba preparado para salir y claro que lo estaba, no había cosa que más deseara que poder volver a casa. Echaba de menos a su familia, su hogar y sobre todo sus comics, tenía cientos de colecciones y podía pasar horas leyéndolos.

Samuel preguntó si podía marcharse, le dijeron que si pero antes deseaban saber si estaba dispuesto a dejarlo todo atrás. No entendía a que se referían, si a su obsesión por llevar siempre puestos los auriculares o a su manía de cruzar la calle sin mirar. 

Los viejos lo miraron inmutables, Samuel impaciente les imploró que su único deseo era regresar con los suyos.

_ Que así sea_ contesto el del pelo gris_ recuerda que algún día nos volveremos a encontrar.

_ Ahora cruza la puerta_ dijo el más anciano.

Samuel cruzó la puerta y se encontró tumbado en la cama de su habitación, toda su familia estaba allí, también su compañero de cuarto que leía distraído el periódico. Las enfermeras entraban y salían haciéndole chequeos, el doctor le dijo que era un milagro que hubiera sobrevivido al accidente.

Dos semanas más tarde le dieron el alta, su hermana le ayudó a llevar sus cosas y sus padres le abrazaron emocionados. Todos se dirigieron hacia la entrada cuando Samuel volvió a escuchar los silbidos, se giró y allí estaba el hombre del llavero; se acercó a él y le habló: 

_ Te conozco, hace unas cuantas noches nos encontramos en el pasillo de mi planta y me señalaste la puerta donde se encontraban aquellos ancianos. ¿Qué haces aquí?

_ Espero mi turno hijo, todos debemos esperar a que nos llamen.

_ ¿Tu turno para qué?, ¿Quién tiene que llamarte?_ preguntó Samuel con curiosidad.

_ Mi turno para poder pasar la puerta y que me consideren apto para salir_ respondió sonriéndole.

Mientras hablaban un paciente era trasladado de habitación y a su lado una mujer le besaba las manos y la cara mientras las lágrimas recorrían su rostro.

Samuel encogido por la pena se acercó a consolarla y le dió un abrazo.

_ ¿Es su marido?_ le preguntó

_ Si, el pobre tuvo un accidente de tráfico y lleva casi 10 años en coma. El médico dice que es casi imposible que se recupere, así que después de pensarlo mucho mis hijos y yo hemos decidido desconectarlo.

Samuel se quedó observando mientras metían la camilla en la habitación y su rostro se volvió blanco como la nieve, no podía ser verdad, el hombre con el que había estado hablando era el mismo que yacía postrado en coma desde hace una década. La puerta de la habitación se cerró y el hombre del llavero seguía allí sentado.

_ Parece que por fin ha llegado mi turno_ le dijo a Samuel.

_ Entonces, ¿te vas?

_ No hay nada que desee más.  Espera, ¿no los oyes?

_ ¿A quién?_ preguntó Samuel desconcertado

_ A los ancianos, me llaman. Dicen que ya puedo pasar la puerta, que ya estoy listo.

_ Buena suerte amigo_ dijo Samuel 

_ Para ti también muchacho y recuerda tener cuidado al cruzar la calle. 

Samuel se dio la vuelta, su madre lo llamaba, debían irse a casa a descansar. Se giró para despedirse pero él ya no estaba allí, sin embargo en el suelo le había dejado un regalo, su llavero, que llevaba gravado una inscripción que decía: " La vida es una elección constante".












 




 




FIN

La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos,  pero nunca será dos veces igual para nosotros.  Pre-implantes de un futuro sobreactu...