Lupanar de flores.
Una casa con tejado de papel
y ventanas de colores.
Una mujer de cabello blanco
y tez rosada
seca sus enaguas
en el patio de la casa.
Su carne generosa,
recién amada
se vuelve translúcida
con la primera luz de la mañana.
En la puerta
las zuecas de madera
se amontonan en los rincones.
Los pies de tobillos gordinflones
se adentran en la cocina
olfateando el olor del pan
y el murmullo
de la leche recién hervida
se cuela
por el túnel de sus oídos
dando paso a la orquesta
del desayuno.
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