Violento como un huracán.
Destructivo y voraz.
Alimenta a las fieras del abismo
atrayendo hacia sus garras
presas frágiles y desprevenidas,
para entregarlas sin piedad.
¡Deprisa!,
¡no te detengas!
La caza empieza ya.
Violento como un huracán.
Destructivo y voraz.
Alimenta a las fieras del abismo
atrayendo hacia sus garras
presas frágiles y desprevenidas,
para entregarlas sin piedad.
¡Deprisa!,
¡no te detengas!
La caza empieza ya.
Maldito destino,
cobarde imperfecto
que me hieres
con tus actos despiadados.
Despójate de tu careta
y muéstrame tus cartas
para que juguemos
los dos al mismo juego.
No finjas que no perseguías
mis pasos,
pues yo sí corría
detrás de los tuyos.
La humanidad se extingue,
delirante se ha herido de muerte.
Con la llegada de un nuevo día
de nosotros ya no quedará nada,
ni recuerdos, ni cenizas,
ni huellas de nuestra presencia,
toda nuestra civilización
olvidada en un instante.
La madrugada. Silencio
y oscuridad se mezclan
por todo los rincones del hogar.
Nada perturba la calma,
todos duermen menos yo.
Pasos descalzos sobre la alfombra,
el insomnio se hace fuerte
y el hambre aprieta.
La cocina a las cinco de la mañana
parece otra, sentada en la silla
me quedo dormida.
Por momentos me despierto,
tengo los labios secos
y la boca me sabe a galletas y chocolate.
A solas la noche y yo,
esperando en la cocina
a que llegue el amanecer.
Alegría desbordada,
dulces instantes de felicidad.
Un paseo, unas palabras,
las risas en el parque
de los niños jugando despreocupados.
"Eso es felicidad".
Las fuentes
rebosantes de agua,
los amantes mirándose
tumbados en la hierba,
dos ancianos cogidos de la mano
eternamente enamorados.
"Eso es felicidad".
Un puñal clavado muchas veces,
es tan blando que casi no se siente.
La sangre brota igual a borbotones
manchando la camisa blanca,
los pies y el suelo impoluto.
La hoja pincha, es fina,
recién afilada
se tiñe al contacto con la piel.
La empuñadura es vulgar,
nada especial, común quizás
y sin imperfecciones tal vez.
La mano se mantiene firme,
determinada a cumplir su deber,
no tiembla, no duda,
solo empuja
y alcanza su objetivo.
No le conmueve el dolor
ni tampoco las súplicas,
ejecutar a su presa
es el centro de su obsesión.
La vida es un tránsito,
detenerse en medio del camino
sin saber porque.
Como en un laberinto
es difícil elegir que camino tomar,
tantas opciones a tu alcance
y nunca sabrás cual es la correcta.
Tantear, equivocarte,
caer en el asfalto y rasgarte las rodillas,
levantarte de nuevo, tropezar y volver a caer.
La vida es una carretera llena de curvas,
ten cuidado si no quieres derrapar
cayendo por la cuneta hasta el despeñadero
y de ahí saltar al vacío.
La vida es un círculo,
das vueltas, te mareas,
y vuelves al punto de partida
para volver a empezar otra vez.
La luz que ilumina las mañanas es la misma para todos, pero nunca será dos veces igual para nosotros. Pre-implantes de un futuro sobreactu...