La madrugada. Silencio
y oscuridad se mezclan
por todo los rincones del hogar.
Nada perturba la calma,
todos duermen menos yo.
Pasos descalzos sobre la alfombra,
el insomnio se hace fuerte
y el hambre aprieta.
La cocina a las cinco de la mañana
parece otra, sentada en la silla
me quedo dormida.
Por momentos me despierto,
tengo los labios secos
y la boca me sabe a galletas y chocolate.
A solas la noche y yo,
esperando en la cocina
a que llegue el amanecer.
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