Sentada en la cama
con las manos cruzadas
cierro los ojos
esperando un nuevo mañana.
Imagino otra vida
en una ciudad lejana
sin prisas, ni ruido,
donde mi mente pueda descansar.
Construyo un muro de contención
que nadie pueda traspasar,
blindo mi vulnerabilidad
ante los intrusos
que llegan del exterior.
Refugiada en mis pensamientos
la realidad parece menos hostil;
mi murmullo interior se apaga
mientras dejo caer mi cuerpo
sobre el colchón
y mis músculos se destensan
como instrumentos mal afinados.
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