Arroja mi cuerpo
en el sendero de los desesperados;
ultraja mi alma
con lágrimas de cebolla;
oscurece mi mente
hecha de pensamientos
de piedras viejas
y ausentes
con los presagios
de tu mente hechicero malévolo.
Antes de la hora final
permite que me bañe en los efluvios
que desprende tu estela
al pasar frente a las puertas
de mis ojos,
inundados de la tormenta
que me causa tu fingida indiferencia.
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