El árbol de la vida
ha perdido sus hojas;
se las han arrancado
una a una con saña,
torturando sus raíces
y arrancando sus ramas.
A sus pies
yacen los cadáveres
de sus hijos,
los doce apóstoles
de la naturaleza.
Su dolor se siente
como cien agujas clavadas,
derramando un llanto
que se torna plegaria
por la sangre de los hijos
ultrajados
a los pies de la madre-árbol.
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