¿ Cuántas batallas nos esperan?;
¿ Cuantos golpes recibiremos
en silencio?;
¿ Cuántas lágrimas derramaremos
hasta vaciarnos por completo?
Vivir a merced del enemigo
tiránico y voluble,
dejándonos arrastrar por sus redes
es vivir siendo un esclavo,
despojados de nuestra identidad,
renunciando a nuestro yo más íntimo.
Luchemos infatigablemente,
demandemos nuestro espacio
reconquistando todo aquello
que nos pertenece:
nuestra individualidad
e independencia,
el amor propio
y la compasión,
que nuestra voz sea escuchada
a pesar del ruido exterior.
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