El arte de vivir en circunstancias adversas
con el viento en contra
y las puertas selladas
fue lo que me atrajo hasta aquí.
La tormenta no cesa, nadie quiere abrir;
las ventanas se cierran de golpe,
los pestillos guardan ojos temerosos
que se esconden en la intimidad del hogar;
nadie quiere aventurarse a salir.
Busqué un refugio
cómo quién busca un tesoro perdido
y lo encontré cuando menos lo esperaba,
estableciendo mi humilde morada
bajo unos elegantes soportales.
Y allí me quede a vivir
como el habitante mas insigne
de la ciudad
que no abre sus puertas a nadie.
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