Un desfiladero de almas
sin nombre ni hogar,
todas se conducen igual.
Un abrevadero de penas
para las reuniones de los martes,
los desterrados
también quieren su lugar.
Unas palabras de consuelo,
algo reconfortante
para calmar la tempestad
del alma
pero también la del cuerpo.
La inquietud
no deja de hacer ruido,
por mucho que trates
de acallarla
traspasa el alma
dejándola desgastada,
forzándola al destierro.
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