Pídeme cualquier cosa,
excepto el perdón
por el veneno
inoculado con tus dardos
maledicentes;
excusate sin culpa
por lo trenes descarrilados
a las puertas de mi boca.
Conoces el camino
de la redención
pero eliges la locura;
siempre embarcada
en una carrera frenética,
arrasando los bosques
en tu camino
hacia ninguna parte.
No quiero seguirte
ni ser cómplice de tus destrozos,
no quiero ser tu cebo
ni tampoco tu presa,
prefiero abandonar ahora
y seguir sola mi camino
a morir ahogada en el pantano
que tú has elegido para las dos.
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