Masas serviles
de seres grotescos
moldeados como barro.
Bailan los títeres
de un lado a otro del escenario
según la canción que les toquen.
Sonámbulos,
hipnotizados por una voz
que les marca el ritmo,
se dirigen como autómatas
hacia la meta definida
guiados por quienes
mueven sus hilos.