He comprado pecados
para usarlos cuando lo crea oportuno;
semillas
para plantar la duda
y varios sacos de mal
con opción a elegir
entre el exilio y la hambruna.
Soy el señor de la guerra,
siniestro caballero
de elegante presencia,
hermano de la destrucción
y la miseria.
Camino de la mano
de la desgracia
y la adversidad es mi bandera.
No conozco la compasión.
Soy un mercader del dolor,
un verdugo despiadado
que ejecuta sin piedad
la poca ternura
que todavía alberga la humanidad.